20.2.10

NORTH IRLAND (I) BELFAST

Este fin de semana nos toca descansar en Galway, así que voy a aprovechar para contaros, en varios capítulos, qué hicimos durante los cinco días de viaje que estuvimos por Irlanda del Norte la semana pasada. Un largo, emocionante y movido viaje que comenzó el viernes por la tarde, yendo en bus hasta Dublín, a continuación en tren a Belfast y al final andando hacia el hotel... Y que tras seis horas de viaje sólo nos quedó cuerpo para abrir la habitación del hotel y dejarnos caer en la cama.

Así que pasamos al sábado, con su abundante desayunoalmuerzomeriendacena irlandés, al que me estoy acostumbrando peligrosamente... menos mal que sólo en los viajes... Imaginaos, todavía con las legañillas pegadas a los ojos, meterte por el cuerpo: dos huevos fritos, judías con salsa de tomate, salchichas, champiñones a la plancha, patatas fritas, bacon, tostadas y medio tomate natural (lo del tomate no lo entiendo, igual es para decir que comen verduras, pero desde luego la balanza cae fulminantemente del lado del coresterol...) El caso, con el estómago a tope, decidimos ir a la oficina de turismo para preparar un poco el guión de a bordo. Pero justo antes de llegar, nos encontramos con una de las atracciones (al menos para Silvio) principales de Belfast y que no es el Ayuntamiento, en primer plano, sino la enorme noria de atrás... así que a las nueve de la mañana allí estábamos como auténticos guiris dando vueltas a los champiñones, huevos y demás irlandesadas... en algunos momentos me acordé de Paco Gandía y su "opá, tengo ganas de largar..."

Tras informarnos en la oficina de turismo, decidimos ir a St. George Market, el mercado central de la ciudad. Entre multitud de puestos, con comidas de todos los lugares del mundo, destacaba el ambiente creado por estos dos músicos. Si la comida autóctona deja mucho que desear, la música y el amor por ella, compensa cualquier carencia gastronómica. Es un placer disfrutar en cada esquina de baladas, versiones y canciones tradicionales, interpretadas por personas que se desviven por su pasión. Cuando desconectaron sus guitarras, y todavía con el eco de los aplausos de los espectadores improvisados, nos fuimos en busca del siguiente objetivo de la jornada: un paseo en barco por el río Lagan y sus astilleros, donde se construyó el Titanic... sí,... nosotros tampoco lo sabíamos...

Como podréis comprobar a lo largo del viaje, las decisiones de las visitas vienen acordadas por parte de los tres, y si el mercado nos apetecía a los papis, el barquito lo pidió Silvio. En la taquilla vimos un simpático lema que tiene el puerto respecto al famoso trasatlántico: "she was alright when she left here..." o lo que es lo mismo: de aquí la nave salío perfecta, ya lo que hicieran con ella por el camino no es culpa nuestra...

En el paseo descubrimos que nuestro nivel de inglés todavía deja mucho que desear... había un guía local que iba explicando por el recorrido distintos aspectos del muelle, de la construcción del Titanic, de la ciudad, etc. y cuando yo creía haber entendido algo, miraba para un lado, e inmediatamente el resto de visitantes miraba para el contrario, y viceversa... así todo el camino. Hasta que se paró en un punto (que es la foto de arriba) y no sé qué dijo, que todos empezaron a hacer fotos como locos, yo no podía ser menos, así que también hice lo mismo. Me imagino que debe ser un lugar crucial en la construcción del Titanic... pero sólo entendí, mal, que el barco tenía de longitud la distancia de una grúa a otra, o que tenía la altura de una de las grúas, o que salió de allí hacia Inglaterra, o que Leonardo di Caprio tiene allí su moto-acuática... no sé, pero yo por si acaso hice la foto....

Una vez en tierra firme, fue el papi el que decidió que era hora de descubrir los barrios conflictivos de la ciudad. Y conflicto va a ser el que me voy a encontrar con la mami cuando vea que, después de habernos tirado 2 horas andando, en taxi y dando vueltas por el oeste de la ciudad fotografiando murales republicanos y unionistas como si fuera un reportero de guerra, no haya colgado ninguno en el blog... Pero he preferido colocar la foto de uno de los muros que siguen dividiendo algunos barrios católicos y protestantes en la ciudad, y que quizás más me haya impactado, y sobre todo extrañado por el hecho de que aún exista este tipo de segregación.

Ya de noche, de camino al hotel, el estómago nos recordó que lo teníamos abandonado desde que le dimos un pequeño sandwich al mediodía. Así que nos metimos a cenar, como no podía ser de otra manera, en un italiano... Y fijaos la carita que se le quedó a Silvio cuando le dije que al día siguiente nos tocaba otra jornada intensa, viaje en tren incluido, esta vez en Derry.

1 comentario:

  1. Vuestra aventura tiene una pinta genial...desde aquí, casi con escamas como las del pez de la imagen, y con ganas de seguir leyendo el diario de a bordo.

    Un abrazo desde Sevilla. Fede

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