...apologies a million.
O'Grady's on the Pier
Barna (Galway, Co.)
Quizás ahora, a tres días de la vuelta a casa, hable con mayor conocimiento de la comida irlandesa. Y si bien el 80% de la oferta gastronómica sea fast-food, el resto del porcentaje ha merecido la pena disfrutarlo. La calidad de sus pescados: salmones, truchas, lubinas, bacalaos; sus magníficas carnes de corderos, terneras, cerdos e incluso pollos; los productos lacteos que tanto vamos a echar de menos, sobre todo esa leche fresca y esa mantequilla, que ahora entendemos que forme parte de su día a día y que tenga incluso un museo dedicado exclusivamente a ella; su variedad en panes, los scones, el increible brown soda bread, incluso cualquier pan de molde; sus omnipresentes patatas, la cabbage (col) que tanto hemos cocinado en casa y los parsnips, una especie de zanahoría con un leve aroma a jengibre, simplemente espectacular. Todo ello cocinado sin artificios ha logrado enamorarnos definitivamente: sus cremas, sus estofados, sus sandwiches, sus asados, sus platos marineros, sus dulces... Y si todo ello lo acompañas de sus cervezas negras, las "stout", Guinness, Murphy's o mi adorada Beamish, el placer está completo. Bueno, casi, porque todo debe terminar con un buen whiskey de la isla, y aquí tenemos unos cuantos, como el famoso Jameson, aunque yo me quedo con el Bushmills. En fin, que ya estoy echando de menos todo esto, sin haberme ido, y no se me ocurre otra mejor idea para consolarme que salir corriendo de casa a comprar algún libro de recetas... Bye, bye!
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